miércoles, 1 de abril de 2009

La ultima profecia

ESWN: bueno me ha costado dos semans pero al final la historia se ha acabado ella sola

La niebla se veía desde lejos, estancada, cubriendo completamente el bosque, en unas pocas horas había borrado aquella zona de la vista y en tres meses no había desaparecido. El fenómeno extrañó a la población de la pequeña villa que se encontraba a dos kilómetros de allí aunque no le dieron mucha importancia, pero un mes después de su aparición el miedo caló en ellos, durante la noche se escuchaban ruidos extraños y algunas reses desaparecían o amanecían a medio devorar.

Formaron distintos grupos para montar guardias durante las noches temiendo que lo que estaba matando las reses atacara a la gente, durante un mes los guardias llegaban tarde a los ataques a las reses y nunca vieron que era aquella bestia, pero al tercer mes de la aparición de la niebla un grupo de guardia se topó con ella y a la mañana siguiente encontraron sus cuerpos completamente mutilados. Después de eso los demás grupos de guardia se negaron a seguir con su trabajo y nadie se atrevió a vigilar las noches, así que se reunieron todos para ver que podían hacer frente a aquella situación, la mayoría temerosos de que les sucediera a sus familias lo mismo que a los guardias propusieron dejar atrás aquel pueblo y asentarse en otro lugar. Entonces un hombre se alzó y se ofreció voluntario para ir al bosque a cazar lo que fuera aquello, ante eso el pueblo entero le tachó de loco pero era el leñador y aseguraba conocer el bosque como la palma de su mano, así que a la mañana siguiente salió del pueblo hacha en mano como ultima opción de su pueblo, tres meses después de la aparición de la misteriosa niebla el solitario leñador avanzaba por el llano dispuesto a internarse en la bruma.

Cuando estuvo frente a ella se quedo unos instantes mirando, el sol estaba en su punto máximo pero no se veía nada a más de un centímetro dentro de aquella nube baja. Entonces sin pensarlo dos veces se internó en el desaparecido bosque, avanzando entre los árboles aprovechando el conocimiento adquirido con los años. Tenía una idea de donde podía encontrar a la criatura, el bosque era muy abrupto, solo había una pequeña zona en la parte nordeste donde había suficiente espacio con pequeños claros por donde circulaba un riachuelo, esa era la mejor zona del bosque para asentarse. Tardó más de una hora en llegar allí, a pesar de su conocimiento del bosque era más difícil de lo que pensaba adentrarse con aquella niebla, tenías que pegar la nariz al tronco para reconocer un árbol y la luz del sol no era mas que un tono grisáceo en el cielo tapado.

A llegar al claro le paralizó la sorpresa, la niebla parecía ocultar aquella zona del resto del mundo dejando que la luz del sol entrara solamente allí. La sensación de sorpresa le abandono en seguida, si esa era la función de la niebla aquel lugar era la guarida de lo que fuera que había estado atacando al pueblo, su cuerpo se puso en tensión con el hacha preparada para clavarse en lo primero que se moviera.

Fue avanzando lentamente, asegurando sus pies, sin apenas respirar temeroso de que el ruido le impidiera oír algo acercándose. Cuando solo había dado cinco pasos algo se movió frente a él y sin pensarlo dos veces blandió su arma con todas sus fuerzas, pero esta se detuvo como si hubiera chocado con un poste de metal y la sorpresa fue mayor cuando vio que delante suyo había una mujer joven que había detenido el golpe con el dedo índice, entonces pronunció una extraña palabra y el mango se convirtió en un espino, clavándose en la mano del leñador que lo dejo caer y vio como el hierro de su hacha había dado paso a una rosa roja.

Retrocedió unos pasos aterrorizado delante de aquella extraña mujer, parándose a observarla y percatarse de que no era humana. Su cuerpo era igual que el de una mujer pero sus ojos eran algo más grandes de lo normal, completamente negros, y su piel tenía un extraño tono rosáceo que contrastaba con su largo y brillante pelo verde claro.

- ¿Qué clase de monstruo eres? Preguntó gritando.

- No soy ningún monstruo – contesto ella – soy un hada.

- ¿Cómo voy a creer eso viendo lo que habéis hecho con mi hacha y las matanzas del pueblo?

- No seas insolente humano, vuestras armas no pueden hacernos nada, y yo no soy responsable de esas muertes, estoy intentando evitarlas.

- Pues hasta ahora lo has hecho muy bien, dime donde esta y haré lo que tu no has podido.

- Sois tan necios, no hay posibilidad de que uno de vosotros lo atrape, es una sombra, todavía se alimenta de carne así que no esta completamente transformada, aunque ha pasado mucho tiempo… aun serás útil.

- ¿Qué estas diciendo?

- Las sombras se alimentan de vuestras penas, sois ganado para ellas por eso serás un buen cebo.

- ¿a que te refieres?

- Tu dices venir a salvar a tu pueblo, pero tus ojos claman la muerte a gritos.

El hombre recibió el golpe sabiéndose descubierto, pero al hablar con aquella mujer vio una vía para conseguir lo que quería y salvara la gente de su pueblo, así que accedió.

Cuando el sol empezó a bajar llegó el momento de iniciar la trampa, ella abrió un camino en la niebla para que el hombre pudiera salir del bosque, una vez fuera el camino volvió a inundarse de bruma y él avanzó par la espesura buscando un lugar donde acampar y esperar a que llegara la noche, y con ella la sombra. Al caer el sol encendió una hoguera para calentarse, esperando que el fuego llamara la atención de la criatura, pero la luna empezó a descender antes de que hiciera aparición.

Cuando empezaba a pensar que no se mostraría un ser saltó encima de él y al instante sintió un frío que se le escapaba, empezando a perder el conocimiento. Entonces la plantas que lo rodeaban agarraron el pie de la sombra y lo lanzaron hacia atrás, esta se levantó pero antes de poder avanzar unos troncos afilados le atravesaron los hombros y los muslos para acabar enterrándose de nuevo.

El hombre se incorporó con un gran mareo, con esfuerzo alzó la cabeza y vio a la hada de pie delante de la sombra, esta tenía el aspecto de un joven de unos quince años, pero las partes visibles de su piel estaban cubiertas por unas gruesas líneas ondulantes, dos de ellas subían por su cuello hasta morir en sus ojos que tenía fijos en la mujer que tenía delante.

- Vamos hada, matame, he probado el sufrimiento humano, ya soy una sombra completa, esto no podrá retenerme.

La mujer empezó a sollozar y en un instante una de las líneas de la cara de la sombra se separó de su piel para clavarse en el pecho del hada que cayó de rodillas al suelo y empezó a gritar, notando como su vida era absorbida por aquella línea. En ese momento un extraño palo negro rompió el nexo entre ella y la sombra y todos vieron a un hombre vestido de verde con un sombrero de copa del mismo color. La sombra se empezó a mover enfurecida pero los troncos no le permitieron avanzar, entonces aquel hombre pronunció una palabra y miles de espinas crecieron por los troncos, provocando un grito de dolor en la sombra.

- ¿Qué has hecho Eliana? – preguntó acercándose a la hada – Tenías que matarle, probó la sangre de su padre para convertirse en sombra.

- Pero no puedo hacerlo – lloró ella – Santes, él aun es mi hijo.

- Eso ya no es tu hijo, tu compasión te ha traído la muerte, mi padre debió dejarme esto a mí.

- Yo insistí – dijo llorando – y al final tendrás que hacerlo tú, su infección me trae la muerte, pero también mi ultimo mensaje.

- ¿Qué? Eliana habla, eres la ultima profeta.

- Este humano debe vivir, cúrale, una de sus descendientes será bendecida con el poder de acabar con el Rey Oscuro.

- Tranquila, haré lo que me pides, reunete en paz con la madre tierra.

Así en aquella espesura Eliana murió en los brazos de Santes y su cuerpo fue arrastrado por la brisa convirtiéndose en una nube de pétalos. Entonces Santes se levantó y se acercó a la sombra que le miraba con una sonrisa.

- Vaya vaya, Santes, el príncipe bastardo – dijo la sombra – mi señor también ha escuchado su ultima profecía, este hombre morirá pronto.

- Cállate, tu madre veía mejor que nadie, la niña nacerá y no lo podréis evitar, tú ni lo intentarás.

Dicho esto clavó el palo negro en el estomago de la sombra y esta empezó a arder rodeada de un fuego negro que era absorbido por aquel bastón. Cuando ya no existía sombra Santes se acercó al hombre que estaba inconsciente y curó la herida que le había causado la sombra antes de desaparecer como si nunca hubiera estado allí.

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