lunes, 24 de noviembre de 2008

Espejo de la avaricia

Esta es la historia de un hombre que miraba al cielo, creyendo ser dueño de el. Por eso cada vez que su mente volvía a la realidad provocaba una desestabilizad en su ser interior, llenándolo de amargura y frustración. Él creía que su vida no valía nada, era una persona modesta, tenia un titulo universitario, un empleo bien remunerado, una casa propia, pero nada de eso lo reconfortaba, él quería más, necesitaba más, tenia que ser el pastor que guía a los demás, el ser que pone un pie delante del otro, sin rumbo, sin destino, pero el que elige donde ponerlo. Cada mañana al mirarse en el espejo, creía que allí estaba la solución, pasar al otro lado. El espejo siempre le devolvía una imagen esplendida, ese hombre no podía ser él, tenia que ser otro con una vida mejor. Cada día posaba una mano sobre el cristal, esperando que este cediera a su mano dejándole paso a esa mejor vida. Hasta que un día el espejo se abrió para él, como quien toca con la mano una superficie acuática unas ondas salieron de la punta de sus dedos, hundiéndose en un mar de cristal que le llevaría a un mundo mejor. El proceso fue rápido, extraño, antes estaba a un lado, ahora en otro. Pero algo no parecía ir bien, aquello no era lo que el espejo mostraba, aquel lugar era ruinoso y tétrico, solamente iluminado por unos tenues rayos de luz que penetraban en la estancia a través de agujeros en el techo y las ventanas entablonadas. El espejo devolvía una imagen de alguien en un estado penoso, con una larga barba y la ropa llena de jirones. Empezó a golpear el cristal del espejo, tenía que llegar al lugar que este le mostraba día a día. Así pasó oras delante de un espejo comido por las rayas que denotaban su mal estado, hasta que reconoció el hombre que él espejo solía mostrarle, no mostraba nada distinto, era él mismo, pero su avaricia le hacia creer que era peor que él mismo, tenia que mejorar, o ir al lugar del otro lado del espejo, y ahora por avaricia yacía en el suelo de un lúgubre baño consumiéndose lentamente hasta el final.

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