Una espesa bruma cubría el parque a altas horas de la noche. La luz artificial de las farolas le daba un aire fantasmal, tiñéndola de un naranja que parecía rodear todo el mundo. Un joven paseaba junto a su perro absorto en sus pensamientos, dando vueltas sin rumbo fijo. Mientras caminaba un brillo metálico se poso en su estomago arrojando sus pensamientos al fondo de su ser, como si nunca hubieran estado allí.
Al alzar la cabeza vio a dos hombres tapados hasta la nariz, con unas pupilas demasiado dilatadas para la cantidad de luz del ambiente. Antes de que dijeran una palabra el joven se giro hacia su perro y vio como gruñía, enseñando la dentadura listo para atacar.
- Vete a casa – dijo - ¡Ya!
A dicha orden el perro empezó a retirarse lentamente, caminando hacia atrás, con sus dientes al aire, hasta que se perdió en la niebla.
- Bien hecho – dijo el hombre de la navaja – Ahora vas a darme todo lo que lleves encima.
El joven hizo lo que le pidieron y espero a perderlos de vista. Mientras volvía sobre sus pasos observo el rastro de su perro sobre la hierba mojada, hasta que, parecía dar un rodeo y volver en la dirección en la que se fueron los dos individuos. Temiendo que fuera a su encuentro corrió siguiendo las huellas cuando, arrastrado por el viento, llego a el un grito.
En ese momento la niebla desapareció de sus ojos, en ese momento aquello que habitaba en el volvió a ver la luz. Frente a sus ojos se alzaban aquellos hombres y una chica yacía a sus pies. Entonces vio que su perro tenía una mano presa en su boca y supo que sucedía pero, a pesar de haber despertado su cara oscura, no fue lo bastante rápido, la navaja que se había posado en su vientre se hundía en el cuello de su compañero. En un instante se planto entre los dos hombres y el cuerpo inerte de su mascota y, al ver que había expirado su último aliento, alzo la cabeza y grito, rugió y aulló a la vez.
Cerró los ojos del perro y se levanto, girándose lentamente, para colocar sus ojos infundados de odio sobre los atacantes.
- No os podías conformar – dijo – No teníais bastante. ¡PUTA ESCORIA! Tenias que seguir jugando a creeros con derecho a todo. Pues esta noche os eis equivocado, os iba a dejar marchar, pero ahora, ahora…
Los dos hombres temblaban paralizados por el terror, sin saber si lo que estaba frente a ellos era un hombre o la peor bestia imaginable. Cuando uno de ellos pudo reaccionar intento sacar la pistola que llevaba oculta en el bolsillo de la chaqueta, pero era demasiado tarde, con las manos manchadas de la sangre de su fiel mascota el joven apago las llamas de la vida de esos hombres.
Cuando se hubo calmado un poco volvió junto a su perro, y de rodillas hundió la cara en las manos impregnadas de sangre seca y las lagrimas empezaron a brotar. Entonces dos manos le alzaron el rostro y sus ojos se cruzaron con otros grises que le hicieron parecer por un instante que nada era real.
- lo siento mucho – le dijo la chica – pero siempre le estaré agradecida, me ha salvado.
El joven volvió a mirar a su mascota y, al subir la mirada, se perdió en esa infinita marisma gris, donde por primera vez en su larga vida, no vio el monstruo que era reflejado allí.
1 comentario:
si esto no refleja lo hijo de puta que es la gente, que venga el dios no poderoso y me la como xDDD en serio... a mi me acen eso, y me tienen que parar con misiles tierra aire... me encanta esta historia :)
Publicar un comentario