lunes, 19 de enero de 2009

Sueños

El tiempo y el espacio se fundieron lentamente creando un infinito túnel de color cambiante. La sensación ya le era conocida, estaba dormido, gracias a ello se habría ese portal entre sus dos personas, un viaje instantáneo donde podía ver miles de vidas, todas las posibilidades de lo que había quedado atrás y lo que estaba por venir, una ramificación tan densa que parecía no ser nada, un lugar donde podías observar el porvenir si sabias donde mirar en esa inmensidad informe.

El viaje terminó antes de empezar y se encontró en la sala conjunta de su mente, la hoguera seguía ardiendo simétricamente en el fuego a tierra que dividía la estancia, estaba sentado en su parte, en su negra butaca de cuero y volvía a llevar puesto el traje negro con camisa roja, pero frente a él, en la mitad de su otro yo solo se encontraba la butaca blanca, el otro no estaba allí.

Antes de que pudiera girar la cabeza para ver si lo veía un fino frío se posó en su cuello. Creyó que ya era el momento del sueño eterno, morir y dejarle el cuerpo a aquel que vivía allí con él. No sentía pena, era una posibilidad anunciada tiempo antes, algo visto en las ramificaciones, pero si sentía algo, le embargaba la vergüenza de haber dejado que aquel él entrara en su mitad renunciar a aquella que más le importaba por el deseo de descansar.

- Hazlo ya- dijo.

- No quiero hacerlo – contestó.

- ¿Entonces por que has puesto el cuchillo en mi cuello?

- Te lo has puesto tú, me has dejado entrar y en esta parte solo puedo hacer esto.

- Adelante.

- ¡Cállate! No eres mas que un maldito cobarde, huyes, ni siquiera has intentado nada, vas y decides olvidar antes que aguantar lo que aun esta por llegar, sin saber que puede ser. No te pienso dejar, ni se te ocurra olvidar, no quiero salir ¡NO ME DEJES SALIR!

El otro él clavo el cuchillo en el reposa brazos de la butaca y le cogió de la cabeza empujándolo contra su mitad de la estancia. Esta vez no hubo viaje, no hubo sucesos que investigar, despertó en mitad de la noche sintiendo el frío cuchillo en su cuello.

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