La primavera había llegado acompañada de un tiempo esplendido, el sol calentaba sin que hiciera sentir calor y el joven lo aprovechó para salir a dar una vuelta por el bosque que había en la montaña cercana a su pueblo. La vegetación despertaba y se preparaba para su explosión de color y olor, maravillando a la vista con un colorido verde intenso contrastando con el marrón de los troncos de los árboles. Durante un tiempo estuvo subiendo por la ladera arbolada hasta que llegó a la cima de la montaña y descendió unos metros por la otra cara, buscando la sombra de la vieja encina donde acostumbraba a sentarse a mirar como por encima del pequeño horizonte arbolado que tenía debajo dejaba lugar al infinitamente brillante mar, devolviendo los destellos del sol sobre cada una de sus alteraciones.
Cuando fue a ocupar su lugar vio que una chica estaba sentada donde él solía hacerlo y sorprendido tuvo un sobresalto y la saludó. Ella alzó la cabeza para mirar quien era aquel que había interrumpido sus pensamientos, mostrando su rostro cubierto a medias por su pelo negro, ligeramente más largo por la parte delantera hasta ir a morir a la altura del cuello, pero aun así el joven pudo apreciar los suaves rasgos que formaban su cara y a perderse en el verde prado que habitaba en el único ojo que quedaba a la vista. Después de mirarlo un instante la chica le sonrió y le devolvió el saludo.
- ¿Tú también venías a sentarte aquí? – le preguntó.
- Sí – contesto el chico – hace ya tiempo que no venía a disfrutar de la calma de este lugar.
- Pues adelante siéntate – dijo la chica moviéndose un poco para que él también pudiera apoyarse en el tronco del árbol – aquí hay sitio para los dos.
Durante rato estuvieron allí sentados, en silencio, gozando con las vistas del lugar y el apacible silencio sonoro de un bosque en primavera. Más tarde iniciaron una conversación sobre lo excepcional del lugar hasta acabar presentándose mutuamente. Así permanecieron durante horas, conversando apaciblemente de cosas intrascendentales, hasta que llegó la horade que el chico debía volver, se despidió de su interlocutora, que deseaba disfrutar de aquel lugar un poco más.
A partir de ese día se encontraron allí cada mañana, conociéndose el uno al otro, estrechando su relación. La primavera dio paso al verano y la sombra de aquella encina era un oasis para los dos jóvenes, que disfrutaban abrazados de la hechizante combinación de vistas y sonidos. Un día el chico llegó a primera hora de la mañana y se sentó allí a pensar. Ella llegó a la hora que se solían encontrar normalmente y se encontró al chico con el rostro bañado en lagrimas, se acercó a él y lo estrechó entre sus brazos.
- ¿Qué te pasa? – le preguntó con su sedante voz.
- No eres real – fue la respuesta del joven.
- ¿Cómo te has dado cuenta? – volvió a pregunta la chica.
- He tardado mucho – empezó él – estar aquí contigo era tan gratificante… Pero tú no existes, siempre has estado a mi lado, en mis sueños, en mis escritos, tú me quieres.
- Es cierto – dijo ella abrazándole más fuerte – lamento el dolor que te he causado, pero no desesperes, no pierdas la esperanza, algún día encontraras alguien especial, alguien que vea lo que realmente eres, entonces será perfecto, será real.
Dicho esto se apartó ligeramente para que sus ojos se encontraran de nuevo, entonces secó las lagrimas de su compañero y le dio un último beso antes de desaparecer arrastrada por la refrescante brisa.
3 comentarios:
Molta maca la historia i alhora molt trista.
Penso que la historia esta intimament lligada als teus sentiments :) m'equivoco?
Per cert, m'has d'ensanyar el dibuix aquest que vas fer ahir...XD
Masa llesta ets tu ; i el dibuix es molt trist que es per fer un video comic XD, ja te l'ensenyare per que riguis
Publicar un comentario