La unión de gaitas, violines, tambores y flautas vibraba en el ambiente. El frío atacaba fuerte en la calle y la taberna estaba a rebosar de gente riendo y cantando entre cervezas y licores. Un desconocido entró enterrado en una capa negra y se dirigió hacia la barra, su presencia despertó cierta curiosidad en los presentes, pero era normal ver a gente de paso en esa época, las leyendas de los míticos monstruos del norte habían llevado a muchos locos en busca de aventuras allí.
El hombre se sentó frente a la barra y esperó a que el tabernero echara a la calle a un borracho que yacía en el suelo. Cuando le atendió pidió una jarra de cerveza y se quedo allí quieto, bebiendo su cerveza sin alzar la mirada. Al cabo de un rato llamó al tabernero para pedirle otra cerveza y este le exigió el pago.
- Aquí tenéis – dijo el hombre – os doy más a cambió de información.
- ¿Y que queréis saber? – le preguntó el tabernero.
- Quiero llegar al río de las almas.
Al escuchar eso el tabernero abrió los ojos sobremanera y los músicos, que se encontraban al lado, dejaron de tocar, de repente todo el lugar quedó en silencio, solo roto por el viento.
- ¿El río de las almas decís? – se quiso asegurar el tabernero.
- Sí – fue la única respuesta.
Entonces todo el bar estalló en una sonora carcajada, algunos incluso cayeron al suelo sujetándose las panzas llenas de alcohol como si les acabaran de explicar el mejor chiste del mundo.
- Si hubierais venido a matar un dragón, o a acabar con la bestia del bosque sombrío – rió uno de los presentes - ¿pero venir hasta aquí desde dios sabe donde por una canción de cuna? Señor acabáis de alegrarnos la noche.
Los músicos empezaron a tocar y todos entonaron al unísono la canción del río de las almas, indignando al viajero. Bebió su cerveza rápidamente y salió de aquel lugar escuchando las mismas risas que en su pueblo natal. Siguió avanzando entre las frías calles de aquella villa con intención de marcharse, pero entonces un anciano le agarró el brazo.
- Discúlpeme señor – le dijo – He oído lo que habéis dicho en la taberna de ese sucio Hank.
- ¿También venís a decir la gracia?
- No, yo no señor, puede que esos sean unos necios que han olvidado el pasado pero yo puedo guiaros allí donde queréis ir.
- Pues entonces dígamelo, no tengo tiempo que perder.
- Es tarde ya, venid a mi humilde hogar, puedo ofreceros un lugar donde dormir, mañana saldremos en busca del río.
La noche fue corta, pero el viajero no pudo conciliar el sueño, hacia meses que había dejado atrás el aire del mediterráneo y ahora, sabiéndose cerca de su destino, le invadieron los nervios, tenía algo importante que hacer. Cuando el anciano despertó le ofreció un trozo de pan acompañado de cerveza, comieron en silencio y se prepararon para partir. El hombre se calzó su banda de cuchillos aunque el anciano le advirtió que no era necesario allí donde iban. Fue un viaje largo, durante todo el día fueron caminando, adentrándose en bosques cerrados, cubiertos por una penumbra eterna, acompañados de susurros y sonidos escondidos en la sombra, pero a pesar de ello no vieron a ningún animal. Eso tenía nervioso al viajero, durante su viaje no había encontrado un bosque similar, y menos sin ver presencia animal, pero a su guía parecía no extrañarle.
La luz ya era casi imperceptible cuando el anciano se detuvo. Se giró para mirar al hombre a la cara y pronunció las primeras palabras del viaje.
- Me temo que yo no puedo pasar de aquí – dijo – Ahora os encontráis solo, pero os daré las indicaciones de la canción.
Sigue adelante sin vacilar
O tu vida acabara
No pares, anda y anda
Al hombre árbol encontraras
Sigue su brazo
Al río te llevara
- No se preocupe – dijo el viajero – Tiene mi gratitud.
Se dispuso a seguir adelante pero al empezar el anciano le llamó
- Disculpadme señor, no se que ha venido a buscar aquí, pero debo advertirle, lo que esta en el río esta mejor ahí.
El hombre no dijo nada, se quedo un instante mirando a su guía y continuó su camino.
El bosque era cada vez más espeso y dificultaba el paso, la penumbra se tornó oscuridad y los susurros y sonidos desaparecieron para dar paso a una sensación envolvente y aterradora. Le costaba ver algo, incluso los árboles parecían negros y era difícil distinguirlos. Se detuvo un momento al darse cuenta que estaba apunto de chocar contra uno y al instante sintió algo tras él, notaba su aliento en la nuca y tubo la sensación de estar siendo extraído de si mismo. Entonces recordó que no debía detenerse nunca, ahora sabía porque, y haciendo un gran esfuerzo se zafó de aquella fuerza y echó a correr, golpeándose con todo lo que había por delante. Siguió corriendo durante un rato y entonces el bosque murió dando paso a un pequeño claro regentado por un árbol, más alto que los que había en el bosque y con una extraña forma humana. Sus nudos y ramas parecían crear rasgos de hombre y tenía una rama que se extendía como un brazo hacia la hendidura que había en la parte posterior del claro. El viajero supuso que esa era la señal que debía seguir y se dirigió a ella.
Al llegar vio que era la entrada a una cueva subterránea y empezó a bajar. Esperaba que la oscuridad se intensificara poco a poco, pero la luz fue en aumento. Al final se encontró frente a un río que daba vueltas sobre si mismo, creando un pequeño islote en el centro. La luz provenía del río, era una tenue luz verde azulada, provocada por miles de pequeñas estelas brillantes. En el techo, sobre el islote, se veían las puntas de las raíces del hombre árbol, cada una de esas siete iban goteando estelas de las que conformaban el río. El viajero se acercó al extraño río y lo miró fijamente, veía como esas estelas se movían sin parar, entonces, cuatro de ellas se pararon frente a él y pudo sentir sus miradas sin ojos, supo quienes eran, estaba en el río de las almas.
- No molestes a los desaparecidos – dijo una voz.
Alzó la mirada y vio a un ser en el centro del islote, tenía forma humanoide pero toda su piel parecía ser corteza de árbol. Su intensa mirada verde, espectral, estaba clavada en él, incluso le parecía advertir una sonrisa en aquel rostro.
- ¿Sois el hombre árbol? – preguntó el hombre.
- Soy el guardián, el recolector – contestó – pero sí, los humanos siempre me han llamado así. Os a costado llegar ¿verdad?
- ¿Cómo sabéis eso? – preguntó nervioso el viajero.
- Soy el recolector, yo se todo de todo lo vivo.
- Entonces sois Dios.
- ¿Dios? – rió fuertemente el hombre árbol – Pobres seres, os creéis muy importantes, como va a estar el creador pendiente de vosotros eternamente, estáis abandonados a vuestra suerte.
- Esta bien – dijo el hombre – entonces ya sabéis para que he venido.
- Así es, adelante, hacedlo.
El hombre cayó de rodillas al suelo sintiendo que ya acababa todo e imploró
¿Por qué?
Entonces la mirada del hombre árbol se iluminó y su sonrisa abrió los labios.
2 comentarios:
M'ha agradat l'inici del relat. La idea de la historia esta bastant be, tot i que crec que has de millorar algunes coses encara^^
Congrats per la history!
Merci per la critica constructiva pero jo soc un testarut i explica el que volia dir, pero masa a la meva manera XD
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