La muerte nació de conversaciones vacias, alimentada por obiedades ignoradas que cayeron como rayos sobre pedestales de papel, derrumbando el poco mundo que quedaba. Pero la muerte no podía llegar, tenía la seguridad incierta de que aquello había pasado, que debía pasar, pero no lo sabía, la duda aplacaba la muerte, aquel sentimiento no podía morir.
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