El chico estaba allí de pìe, sin decir nada, mirando a sus compañeros que le devolvían una mirada de terror. Ahora veía el mundo de una forma distinta, aquel ojo ausente le mostraba todo lo que antes no podía ver, pero lo que más le fascinó fue que podía oler el terror de aquellos que le miraban, y le gustaba. Pero ahí no acababa todo, podía ver los sentimientos que habitaban en ellos y fue mirandolos uno a uno, conociendolos mejor. Ahora sabía a que se refería el hombre al nombrar el amor de su compañero y, lo que más le importaba, ahora tenñia la total seguridad que aquel ser le había hecho un regalo, le había permitido olvidar un amor que nunca podría aflorar.
Con todo lo aprendido quería salir de ahí, ver si al igual que el ser podía desaparecer del mundo del hombre e ir a otro lugar, el regalo iba más allá del olvido, el regalo le permitía vivir fuera de ese mundo que nada había tenido para él. Para su sorpresa solo con desearlo vio como una sombra deformaba la realidad a su lado, creando una puerta que le llevaría a otro lugar y sin pensarlo dos veces la cruzó sin decir palabra.
Todos los demás vieron como desaparecía sin mas y no supieron que hacer pero, después de muchas discusiones acordaron no decir nada y cuando llagaran las preguntas decir que se había encontrado con unos conocidos y se fue con ellos para pasar la noche. Aunque todos estubieron de acuerdo uno de ellos no estaba a gusto con la decisión y el tormento le acompaño durante dos días. Al pasar este tiempo estaba sentado en un banco del pequeño parque de su pueblo, pensando aun en que había pasado aquella noche y si habían hecho bien cuando sintió un extraño frío a su espalda y, al gisrarse, vio a su perdido amigo.
- Hola – dijo este.
- Ho… hola – contestó aun sentado - ¿Qué ha pasado? ¿Dónde estabas?
- Aprendiendo un mundo nuevo – dijo.
- ¿Y tu ojo? ¿ Por que vuelve a estar?
- Al parecer la luz del sol camufla esa parte de mi. He venido a despedirme de ti, eres el único que sintió pesar al ver que me había pasado.
- Pero… ¿y tu familia?
- Eso ya esta arreglado, podeis estar tranquilos, diselo a los demás.
- ¿Y ahora?
- Empezare una nueva vida fuera de este mundo, aquí no hay nada para mí, puede que allí si.
- Cierto – rió – aquí no encuentras lo que deseas, espero que tengas suerte, se te hechara de menos por aquí.
Antes de que pudiera contestarle el chico vio como se abría una de las puertas sombrías y, al ver que nadie salía, lo tomo como una invitación a entrar.
- Si – dijo – creo que tu seras el único.
Dicho esto se dispuso a cruzar la puerta pero antes de hacerlo su amigo le llamó.
- Dime ¿diste algo posible por nosotros?
- No – dijo a medida que cruzaba – ella tampoco.
Y con esa palabras dejó atrás este mundo para adentrarse en la penumbra verde que dominaba aquel otro mundo. Allí le estaba esperando el hombre que le hizo el regalo dos días atrás.
- Hola abominación – dijo el ser.
- Muy amable – contestó el chico – supongo que quieres que te devuelva el favor.
- Así es – dijo el ser con una extraña sonrisa en la cara.
Con todo lo aprendido quería salir de ahí, ver si al igual que el ser podía desaparecer del mundo del hombre e ir a otro lugar, el regalo iba más allá del olvido, el regalo le permitía vivir fuera de ese mundo que nada había tenido para él. Para su sorpresa solo con desearlo vio como una sombra deformaba la realidad a su lado, creando una puerta que le llevaría a otro lugar y sin pensarlo dos veces la cruzó sin decir palabra.
Todos los demás vieron como desaparecía sin mas y no supieron que hacer pero, después de muchas discusiones acordaron no decir nada y cuando llagaran las preguntas decir que se había encontrado con unos conocidos y se fue con ellos para pasar la noche. Aunque todos estubieron de acuerdo uno de ellos no estaba a gusto con la decisión y el tormento le acompaño durante dos días. Al pasar este tiempo estaba sentado en un banco del pequeño parque de su pueblo, pensando aun en que había pasado aquella noche y si habían hecho bien cuando sintió un extraño frío a su espalda y, al gisrarse, vio a su perdido amigo.
- Hola – dijo este.
- Ho… hola – contestó aun sentado - ¿Qué ha pasado? ¿Dónde estabas?
- Aprendiendo un mundo nuevo – dijo.
- ¿Y tu ojo? ¿ Por que vuelve a estar?
- Al parecer la luz del sol camufla esa parte de mi. He venido a despedirme de ti, eres el único que sintió pesar al ver que me había pasado.
- Pero… ¿y tu familia?
- Eso ya esta arreglado, podeis estar tranquilos, diselo a los demás.
- ¿Y ahora?
- Empezare una nueva vida fuera de este mundo, aquí no hay nada para mí, puede que allí si.
- Cierto – rió – aquí no encuentras lo que deseas, espero que tengas suerte, se te hechara de menos por aquí.
Antes de que pudiera contestarle el chico vio como se abría una de las puertas sombrías y, al ver que nadie salía, lo tomo como una invitación a entrar.
- Si – dijo – creo que tu seras el único.
Dicho esto se dispuso a cruzar la puerta pero antes de hacerlo su amigo le llamó.
- Dime ¿diste algo posible por nosotros?
- No – dijo a medida que cruzaba – ella tampoco.
Y con esa palabras dejó atrás este mundo para adentrarse en la penumbra verde que dominaba aquel otro mundo. Allí le estaba esperando el hombre que le hizo el regalo dos días atrás.
- Hola abominación – dijo el ser.
- Muy amable – contestó el chico – supongo que quieres que te devuelva el favor.
- Así es – dijo el ser con una extraña sonrisa en la cara.
2 comentarios:
me ha gustado la segunda parte, si señor.
Lo mismo de la primera mio=bueno
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